CUENTO Nº 1
Un día muy temprano el lobo escuchó algo fuera y dijo:
-¿Quién anda ahí?
Era Caperucita Roja que estaba cortando leña para encender un fuego, pero no pudo encenderlo. Caperucita sólo quería quemar al lobo porque eran rivales desde pequeños. El lobo la echó de allí.
Un día precioso iba el lobo paseando con cuidado por el bosque. Andaba con cuidado por si se encontraba con Caperucita Roja. Ella era muy mala y él le tenía mucho miedo. Entonces el lobo fue a casa de su amigo a llevarle un bonito regalo y un poco de comida porque su amigo, que por cierto se llama Enrique, era pobre. Era un perro que tenía dos cachorritos. Él no tenía muchas pesetas. Tenía cinco pesetas solamente. Era muy pobre, por eso el lobo quería ayudar a su amigo y los cachorritos, pero a la madre de los cachorritos no la podía ayudar porque había muerto.
El lobo era muy amable y simpático, en cambio Caperucita Roja era malvada. Entonces apareció Caperucita y le dijo al lobo:
-¡Mira qué mariposas!
El lobo las miró y Caperucita aprovechó y le quitó la comida y el regalo y se fue. Entonces vio Enrique que era Caperucita Roja la rival del lobo y le echó la zancadilla, la cogió y se la dio al lobo. Llamó a un cazador que había venido por casualidad y la encerraron. Pero Caperucita Roja se escapó y el lobo se asustó. Le dijo al cazador que la parara y la cogió el cazador y ya no se escapó.
Caperucita Roja le pidió disculpas al lobo por todo lo que le había hecho y le dio la comida y el regalo para su amigo Enrique y los cachorros.
Ah, ¿y queréis saber lo que le regaló? Era una flor.
Y colorín colorado este malvado y amable cuento se ha acabado.
Ah, Enrique y sus cachorros y el lobo fueron muy felices.
Carolina R., 5º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 2
EL PERRO Y EL LOBO
Como hacía todas las mañanas salí de casa a buscar algo de comer. Llevaba un saco al hombro y tenía intención de llenarlo para poder saciar mi hambre. Yo, el lobo, iba desaliñado y triste, pensando que llevaba demasiados días sin comer.
Al pasar cerca de una granja oí cacareo de una gallinas y yo me dije: “esta es la mía, hoy llenaré el estómago”. Y, pensando que el granjero estaba fuera, intenté saltar el muro, relamiéndome de gusto.
Pero el granjero no andaba lejos y cuando me vio que intentaba atrapar a sus gallinas, entró hecho un búfalo en el corral y me dijo:
-“¡No robarás mis gallinas, tunante!”
Yo, sin hacer caso al granjero, seguí persiguiendo a las gallinas.
El granjero no tuvo más remedio que atizarme con el garrote. Y me volvió a decir:
-“¡Aléjate de mi gallinero!”, me gritaba. “¡Vete por ahí!”
Yo huí machacado como una aceituna.
El granjero no contento con verme huir seguía atizándome con todas sus fuerzas.
-“¡Socorro! ¡Socorro!”, gritaba. “¡No volveré a robar en un corral en mi vida!”. Y pude escapar.
Yo, viéndome libre de la paliza del granjero, vi un panal entre las ramas de un árbol y dije: 2¡la miel es buenísima!”. Con la ayuda de un palo empecé a mover el panal para hacerlo caer.
Tanto moví el panal que los que estaban dentro se cabrearon tanto que salieron zumbando para atacarme. Yo quise huir pero ya me habían picado unas pocas de abejas.
Me acerqué al río y allí me zambullí. Era la única forma de huir de las furiosas abejas. Y allí estuve yo, sumergido en las aguas del río y respirando a través de una caña.
Como seguía sin comer y tenía mucha hambre, no se me ocurría otra cosa que mirar en el cubo de la basura. En ello estaba cuando veo pasar por allí al elegante perro.
-“¿Por qué buscas en la basura?”, me preguntó. “Mira lo bien que voy vestido”, añadió el perro. “Mi vida es maravillosa”.
-“Ya lo veo”, respondí, “y yo, en cambio, sin tener nada que llevarme a la boca”.
-“Deberías buscar un amo que te cuidara y te diera de comer. Así nunca pasarías hambre”, me aconsejó el perro.
-“¿Y qué debería hacer a cambio?”, le pregunté.
-“Llevar este collar para que mi amo me ate siempre que quiera”, me dijo el perro.
Yo pensé el consejo dado por el perro pero decidí que a mí no me gustaría estar atado.
Después de aquello estuve lamentándome un mes y para colmo me habían pegado con un garrote, me pegaron con una chivata y me dieron unas pocas pedradas en la cabeza.
Sergio A., 6º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 3
EL LOBO Y LAS GALLINAS
Había una vez una familia de gallinas. Tres gallinas querían hacer un nido cada una.
Una lo hizo en un árbol, otra en un pajar y la última la hizo en una casa.
Un día un lobo tenía hambre y vio un nido de gallina que tenía huevos. En el nido estaba la gallina y la vio el lobo y le dijo el lobo a la gallina:
-“Quita del nido que me voy a comer los huevos”.
La gallina le dijo al lobo:
-“No me quito de mi nido”.
-“Quita o me los como”.
-“¡Cómetelos!”
Se los comió.
El lobo siguió con hambre y vio a la otra gallina y le dijo:
-“Quita que me coma los huevos”.
-“No me quito”.
Se los comió.
Y de la gallina mayor también quería comerse los huevos, pero las gallinas le tenían una trampa, le habían puesto piedras pintadas como huevos.
El lobo también vio a la gallina con huevos y le dijo:
“Quita que me voy a comer los huevos”.
Y la gallina le dijo:
-“¡Toma, cómetelos!
El lobo los mordió y los dientes se le cayeron todos y el lobo se fue corriendo.
Al final las tres gallinas vivieron juntas y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Juan C., 6º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 4
CUENTO DE
Estaba yo un día tranquilamente echado sobre un olivo cuando vi salir a la cabritica de su casa.
Lobo: ¡Anda! Pero si sale de su casa -susurré- a ver si oigo algo.
Cabritica: Bueno, voy a salir y recordad no abráis la puerta a nadie. Cuando yo venga diré: soy vuestra madre, que tengo leche en las tetas y leña en las cornetas. Después os enseñaré la patita por debajo de la puerta,
Lobo: Ja, ja, ja, me he enterado de todo. Voy a merendar –dije, mientras me relamía-.
Me acerqué a la casa y dije:
Lobo: Soy vuestra madre, que tengo leche en las tetas y leña en las cornetas.
Cabriticos: Nuestra madre no tiene así la voz.
Había oído por ahí que los huevos suavizan la voz. Así que fui a un gallinero y le dije al hombre:
Lobo: Dame una docena de huevos.
Hombre: Te la daré si me pagas.
Lobo: O me los das o te como.
El hombre no tuvo más remedio que dármelos. Yo me comí todos los huevos y la voz se me puso suave. Llegué a la casa de la cabritica y dije con voz ya suave:
Lobo: Soy vuestra madre, que traigo leche en las tetas y leña en las cornetas.
Cabriticos: Enséñanos la patita por debajo de la puerta.
Y yo, sin más remedio, se la enseñé y ellos me dijeron:
Cabritcos: La patita de nuestra mamá es blanca.
Así que no tuve más remedio que ir al molino y le dije al molinero:
Lobo: Eh, tú, enharíname todo el cuerpo.
Molinero: Te lo enharinaré si me pagas.
Lobo: Como no me lo hagas te como.
Y el lobo no tuvo más remedio que enharinarme. Después fui a la casa de la cabritica y dije:
Lobo: Soy vuestra madre que tengo leche en las tetas y leña en las cornetas.
Cabriticos: Enséñanos la patita por debajo de la puerta.
Yo le enseñé mi patita y dijeron:
Cabriticos: Nuestra mamá tiene las uñas más cortas.
Así que no tuve más remedio que coger el cortaúñas y cortarme las uñas. Luego fui a la casa de la cabritica y dije:
Lobo: Soy vuestra madre que traigo leche en las tetas y leña en las cornetas.
Cabriticos: Enséñanos la patita por debajo de la puerta.
Se la enseñé y dijeron:
Cabriticos: ¡Es mamá!
Me abrieron la puerta y entré. Me los comí y fui a echar una siesta. Después no sé lo que pasó pero cuando me desperté fui a beber agua al río y de tanto que me pesaba la barriga me caí en él.
Y colorín colorado conmigo y con los cabriticos este cuento se ha acabado.
Jesús G., 6º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 5
CAPERUCITA ROJA, SEGÚN EL LOBO
Hola a todos. Soy el lobo del cuento de Caperucita Roja. Os voy a contar la historia que verdaderamente ocurrió en aquel bosque.
Yo era un buen lobo, ayudaba a los lobitos abandonados, donaba mi dinero, cocinaba galletitas para repartirlas a los pobres en navidad…
Hasta que un día esa Caperucita de capa roja, violenta, aunque lo disimulaba muy bien, se cruzó en mi camino y me gritó desafiante:
-“Juguemos a quién mata primero a mi abuelita”.
Yo dije que no: “No, Caperucita, yo no soy un asesino”.
-“Esa vieja pesada me tiene cansada”.
-“Caperucita, ¿tan mala te has hecho?”.
Caperucita se fue rápidamente y en su canasto llevaba lindas flores.
No pude soportar la idea de que una viejecita, tan tierna como la abuela de Caperucita, muriera asesinada por su nieta y corrí para que no lo hiciera. Como yo conocía bien el bosque, tomé un atajo por el que tardaba la mitad del tiempo.
Cuando llegué a la casa de la abuelita, Caperucita no había llegado.
-“Abuela, corra y avísele a quien se encuentre más cerca que Caperucita se acerca a matarla”.
-“Oh, mi nietita”.
-“Corra, abuelita, yo tengo un plan para atraparla.
Así que la abuelita corrió a avisarle al leñador que vivía no muy lejos. Yo busqué ropa de la abuelita y me disfracé. Me metí en la cama y esperé a que llegara Caperucita, hasta que por fin llegó.
La niña se acercó y comenzó a insultarme.
-“¡Qué cara tan larga tienes y que feas manos y que mal! Eres una mala abuela”.
-“Nieta, te extrañaba tanto”.
-“Oh, qué boca tan grande tienes”.
Al decirme eso me comí a Caperucita, pero me cazaron en la puerta. La abuelita estaba furiosa y el leñador golpeaba mi estómago para que vomitara a la malvada niña, hasta que la vomité. Y al hacerlo me desmayé.
Al rato me encontré en el bosque sintiéndome muy pesado, y viendo las caras riéndose de la abuelita, el leñador y la mala Caperucita.
Me llenaron la barriga de piedras y me fui del bosque para siempre.
Virginia G., 6º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 6
Un día yo, el lobo, estaba echando una siesta cuando:
-“Caperucita. Ven y llévale esto a la abuelita”.
Yo me asusté y fui a ver lo que era. Era una niña de mediana estatura, gordita e iba vestida todo de rojo. Entonces yo la seguí. Me disfracé de niña y me aparecí en medio del camino y ella me dijo:
-“¿Tú quién eres? No suele haber muchas niñas por aquí”.
-“Hola. Quejem, quejem. Hola. Soy Blancaflor y vivo al salir del bosque”.
-“¿Sí? Pues yo voy a casa de mi abuelita, pero yo nunca voy por el bosque porque dicen que hay un lobo feroz”.
A mí se me caía la baba pensando en planes para ella, como comérmela o … comérmela otra vez, sólo pensaba en comérmela.
-“¿Por qué no te vienes por el bosque conmigo? Yo ya estoy acostumbrada a irme por él.
-“Bueno”- me dijo.
Cuando llegamos al centro del bosque intenté comérmela pero llegó un cazador que disparó y estuvo a punto de darme.
Luego me fui a la casa de su abuela, fingí ser Caperucita, y cuando la abuela se despistó, ¡zas! me la comí. Entonces me acosté en su cama y me puse su gorro y sus gafas.
Llegó Caperucita y vio que era yo. La perseguí por toda la casa y cuando la pillé llegó otro cazador. Esa vez me alcanzó la bala y como me morí no sé lo que pasó después de eso.
No sé por qué siempre ganan los buenos.
Manuel Jesús V., 5º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 7
Había una vez un joven llamado Chang Yi. El joven soñaba con ser pintor. Pero era tan pobre que no podía comprar un pincel.
Un día encontró un trozo de carbón y pintó un dibujo en la pared: un lago lleno de peces.
Otro día apareció en su sueño un anciano de barba blanca. Se le acercó y le dio un pincel mágico y le dijo el anciano:
-¡”Úsalo para hacer nada más que el bien!”.
Un día unos ladrones se enteraron del pincel y fueron a casa de Chan Yi. Los ladrones le dijeron:
-“Danos ese pincel o te llevaremos a la cárcel”.
Y dijo Chang Yi:
-“¡No!”.
Lo llevaron a la cárcel. Allí estuvo un día sin comer pero se acordó de que llevaba el pincel y pintó en la pared un dibujo de un gran camino lleno de árboles y de frutas y se perdió.
Cuando fueron los ladrones en su busca se encontraron en la pared un gran dibujo y Chang Yi consiguió escaparse de los ladrones y siguió haciendo el bien por los pobres.
Christian P., 5º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 8
EL LOBITO
Había una vez un lobo que vivía en un bosque cercano. Un día caminando por el bosque se encontró con una bolsa con mucho dinero y quiso comprarse tres casas, una de paja, otra de madera y otra de ladrillos.
Cuando se hizo las casas pues se fue a vivir a la de paja.
Había tres cerditos que eran muy malos. Le tiraron dos casas, menos una, la de ladrillos, que no podían.
Los tres cerditos tuvieron una idea. Se metieron por la chimenea y como el lobo era muy listo puso en marcha la chimenea y como los tres cerditos estaban dentro se quemaron el culo.
Ya no se vieron más en aquel bosque y el lobo estaba muy feliz.
Mélani C., 5º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 9
Había una vez un hada madrina cuyo trabajo era convertir los sueños de las personas en realidad antes de media noche. Ella era muy comilona. Su cosa favorita para hacer a lo largo del día era darse una buena comilona con pizza y coca-cola, y luego irse a la siesta. Pero por desgracia sólo lo podía hacer los lunes. Las personas que la conocían decían que vivía para comer.
Otra de sus pasiones era ir a la peluquería: los lunes llevaba el pelo rosa, el martes rojo y los fines de semana de colorines. Un día fue a visitar a su madre al bosque y se encontró a una hermosa joven rubia que estaba sentada en un banco llorando y la hada madrina se acercó y le dijo:
-“Muchacha, ¿por qué lloras?”
La muchacha giró la cabeza y vio a una mujer con el pelo de color y una varita y le contestó:
-“Mis hermanastras me han roto el vestido tan bonito que mis queridos amigos me han hecho”.
-“Pero no llores”, dijo la hada madrina. “Yo te haré un vestido”, añadió con entusiasmo.
Cantó una canción y unos destellos rodearon el cuerpo de la joven y en unos segundos tenía un vestido azul con mucho brillo, mejor que el otro. De repente la hada madrina cogió una calabaza y la transformó en un carruaje.
Los amigos de la joven eran ratones y la hada madrina los convirtió en caballos para tirar del carruaje. Y la muchacha se fue tan alegre.
-“Adiós. Adiós”, gritó la joven desde el carruaje.
Y la hada madrina se fue satisfecha.
Después de haber estado en casa de su madre tomando té, se fue a la cama. Al día siguiente oyó que una joven rubia había perdido un zapato de cristal y le llegó una carta que decía:
“Si tienes la talla 36
llama al príncipe
de la casa real”.
La hada madrina no le echó cuentas a la carta. Hoy era lunes, eso significaba que le tocaba el pelo rosa en la peluquería. Se sentó en la silla y volvió a ver otro periódico que ponía:
“ Doncella encontrada”.
Se casarán este sábado
a las 12:00. ¡Bienvenido/a!
Y salía una foto de aquella joven con el príncipe dándose un beso. Acudió a la boda la hada madrina y echó tantas lágrimas de alegría que se podía llenar un cubo.
Vivieron felices, comieron perdices y tuvieron “
Nicole J., 6º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 10
Yo era una joven bella que no tenía padres, sino una madrastra mandona. Tenía que hacer todos los trabajos de la casa, mis vestidos estaban siempre manchados de cenizas y me pusieron de mote “Cenicienta”.
Un día el rey de mi país dijo que iba a dar una gran fiesta.
Mi madrastra me dijo que no fuera, que me quedara fregando.
Llegó en gran día. Yo vi cómo mis hermanastras se iban al palacio real.
Cuando me quedé sola empecé a llorar. Yo también quería ir.
-¿Por qué soy tan desgraciada?
De pronto apareció una luz y un hada que dijo que era mi hada madrina.
Me dijo que no me preocupara que ella me iba a ayudar para que fuese al baile.
Yo le dije que no tenía ni vestido ni zapatos, etc.
Ella me dijo:
-No te preocupes, yo te ayudaré.
De repente sentí algo, tenía en vez de mi vestido feo, ¡uno precioso!
Pero yo le dije:
-No puedo ir descalza.
Y aparecieron unos zapatos de tacón.
El hada me dijo que tenía que irme del baile antes de las 00:00 porque se acabaría el hechizo.
Cuando llegué al palacio real todos me miraban, sobre todo el príncipe.
El príncipe me pidió bailar y estuvimos toda la noche bailando.
Mis hermanastras me miraban con cara de asco, aunque ellas no sabían que era yo.
Cuando sonó el reloj… ¡eran las doce!
-¡Me tengo que ir!, le dije al príncipe.
Yo salí corriendo pero al bajar por las escaleras se me cayó un zapato. El príncipe lo encontró.
Él ordenó que fueran por todas las casas del pueblo para ver de quién era aquel zapato.
-A quien le esté bien me casaré con ella.
Todas las jóvenes se lo probaron pero a ninguna le quedaba bien.
Al final llegaron a mi casa. Mis hermanastras tenían el pie muy gordo, osea, no les cabía. Cuando se iban a ir se dio el príncipe cuenta de que yo aún no me lo había probado. Cuando me lo puse me quedaba perfecto.
El príncipe añadió:
-Contigo me caso.
La boda fue preciosa y mis hermanastras siempre estuvieron sucias y despeinadas.
El príncipe y yo fuimos muy felices.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 11
CAPERUCITA ROJA Y SU AMIGO EL LOBO.
Un día estaba yo sentado a la sombra de un árbol cuando vi pasar a una niña con una caperuza roja. Hacía ya un mes que no comía, “se me caía la baba”. Me acerqué a ella y le dije:
-¡Hola! No tengas miedo, no te voy a hacer nada. ¿Dónde vas?
-A casa de mi abuelita que está enferma.
-¿Qué llevas en esa cesta?
-Pan, dulces y leche. ¿Me acompañas?
- Sí, te acompaño con una condición.
-¿Qué condición?
-Que me dejes probar un trocito de esos dulces.
Los dos fueron caminando por el bosque hasta la casa de su abuelita.
Top, top.
-¡Abuelita!
-Pasa, Caperucita.
-Buenas tardes, señora-dije yo.
-¡Aaaaahhhh!- dijo la abuelita asustada.
-No te preocupes, abuelita, es mi amigo el lobo.
Al final se sentaron en la mesa todos juntos y comieron dulces, pan y leche. Le dejaron la mayor parte al lobo y se lo comió de un bocado.
Mª Isabel D., 6º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 12
CAPERUCITA ROJA
Érase una ven un lobo llamado Pepito que andaba por el bosque. Llevaba muchos días sin comer.
Sus grandes orejas oyeron la voz de una pequeña niña que iba cantando. Él no quería comérsela pero la niña empezó a insultarlo. El lobo se cabreó y entonces sí quiso comérsela.
El lobo parecía tonto pero no lo era. así que mandó a Caperucita a casa de su abuelita por el camino más largo, y él atajó por el bosque con una moto que tenía escondida.
Cuando llegó el lobo a casa de la abuelita no había nadie, se había ido de compras al carrefour a comprarle una capa roja a su nieta.
El lobo buscó por todos los muebles hasta que encontró la ropa de la abuela. Se puso la ropa y se echó una siesta.
Cuando de primeras apareció Caperucita. Empezó a hablar con ella, hasta que la niña le enseñó la cesta con la comida. El lobo aprovechó el momento que estaba distraída para comerse la cesta, Caperucita empezó a gritar y a correr, el lobo empezó a correr detrás de ella, no para comérsela sino para tranquilizarla porque ella se creía que se la iba a comer.
La abuela, que venía de comprar, sintió el jaleo y salió corriendo a llamar al cazador. Cuando vieron aquello pensaron que se la quería comer. El cazador disparó al lobo en una pata y lo llevaron a la guardia. Fue detenido y encarcelado por intento de asesinato.
Pero el lobo buscó un buen abogado y salió en libertad, sin cargos.
Carlos R. y Antonio P., 2º ESO.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 13
EL LOBO Y LOS TRES CERDITOS
En un hermoso bosque había un lobo que siempre se bañaba en el río. Un día cuando iba a bañarse vio a tres cerditos y los persiguió hasta una cueva. Al siguiente día el lobo se acercó a ver a los cerditos. Estaban construyéndose sus casas, la del más pequeño era de paja, la del mediano era de madera y la del grande era de ladrillos. Por la noche fue a ver a los cerditos, todos habían terminado sus casas. Y el lobo dijo:
-Me esperaré a mañana para comérmelos.
Al día siguiente fue a la casa del hermano pequeño y tocó la puerta y no le abrió. Entonces el lobo sopló y sopló y la casa derribó. El lobo salió corriendo detrás del cerdito, pero no lo alcanzó y el cerdito se metió en casa del hermano mediano. Tocó en la puerta pero no le abrieron. Entonces sopló y sopló y la casa derribó. Él salió corriendo detrás de los cerditos, pero no los alcanzó y se metieron en la casa del hermano mayor. Tocó la puerta y no le abrieron. Entonces sopló, sopló y la casa no derribó. El lobo estaba muy enfadado, dio un golpe sobre la ventana, rompió el cristal y se metió en la casa. Se los comió desde el más grande hasta el más pequeño.
Y el lobo fue muy feliz en su nueva casa.
Cristóbal M., 6º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 14
Los bueyes de la granja estaban acostumbrados a trabajar.
-“Yo nunca he trabajado y mirad qué bien vivo”, les decía el perro vagabundo.
El perro observaba todos los días a los bueyes. Le gustaba verlos trabajar mientras él pensaba lo bien que vivía sin hacer nada.
Un día, Poto, el buey más grande de todos, se dio cuenta de que el perro los observaba y le mordió la curiosidad.
-“¿Será tan divertido ver cómo trabajan los demás? Voy a ver”, se dijo a sí mismo.
Dejó la carga que tenía en aquel momento y se tumbó al lado del perro. En verdad que resultaba muy curioso ver cómo sudaban los demás, y además disfrutaba observándolos. De pronto se le acercó Marco, otro buey trabajador.
-“Yo también me tumbaré junto a vosotros. Estoy cansado y merezco un pequeño descanso”.
Poto, Mrcao y el vagabundo observaban al resto de los bueyes trabajar sin parar, pensando: “¡Qué bien se vive holgazaneando!”
Poco a poco los demás bueyes terminaron reuniéndose con los observadores. Nadie quería trabajar. Con el calor que hacía todos preferían observar cómo hacían los demás el trabajo. De pronto apareció el amo.
-“¿Qué pasa aquí? ¿Es que no trabaja nadie?”, gritó enfadado.
Nadie contestó. Todos se limitaron a agachar la cabeza, excepto el perro que empezó a ladrar.
-“No quiero perros vagabundeando por aquí. Si no te vas te moleré a palos”.
El perro se fue de la granja, pero los bueyes lo acompañaron.
Cuando Poto, Marco y los demás bueyes dejaron la granja decidieron no volver a trabajar de sol a sol. En adelante exigirían trabajar en condiciones. Hicieron una reunión para decidir cuáles eran las condiciones que iban a exigir:
“Queremos tres descansos al día, buena comida y que se nos trate con delicadeza”, dijo uno de ellos.
-“Si hace frío se nos abrigará bien y si llueve estaremos resguardados”, añadió otro.
-“En verano, si hace calor, se nos dará de beber mucho agua y si es un refresco de naranja, mejor”.
Además exigían dos días de descanso a la semana. Los necesitaban para pasear, jugar y descansar. Todos estaban emocionados pensando en su nuevo trabajo.
El perro vagabundo los despertó de aquel maravilloso sueño, diciéndole:
-“No olvidéis que sois bueyes. ¿Quién va a querer trabajar con vosotros si no estáis dispuestos a sufrir un poco?”.
Sebastián G., 5º Prim.
CUENTO Nº 15
Érase una vez una chica vestida de rojo cuyo nombre era Caperucita Roja.
Iba un día por la calle y un hombre la quería secuestrar y el lobo la rescató y la llevó con su mamá.
El lobo la quería mucho y siempre y siempre tenía que ir a comprar para que estuviera sana y salva, porque la mamá estaba siempre trabajando y cuando no, estaba descansando. Así que el lobo hacía todas las tareas de casa por su mamá.
Llegó el día en que la mamá se puso enferma de la edad. Entonces el lobo se tuvo que ir con la niña y cada día iba con Caperucita Roja a ver a su mamá. Cuando pasó un mes le dieron el alta, pero ya no podía trabajar. Entonces el lobo se iba por ahí a buscar trabajo para tener dinero y mantener a Caperucita Roja y a su mamá. Entonces el lobo se quedó para siempre viviendo con esa familia. Era como si fuera el papá de Caperucita Roja. Y esa familia fueron felices.
Antonio G. y Samuel A., 1º ESO.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 16
Érase una ancianita que su casa era de chocolate y un niño cogía trozos de su casa.
Un día llamó a sus amigos y la ancianita por la noche llovía y se mojaba, porque los niños se habían comido parte de su casa y ella no podía hacer nada.
Intentó hacer una valla con regaliz negro y los niños como no les gustaba el regaliz no se comían su casa, pero alguien cortó la valla y se la comió, era el padre de uno de los niños.
Intentó hacer otra valla pero ya no tenía más regaliz e hizo un agujero grande para poder refugiarse porque los niños ya se habían comido parte de la casa.
Ahí se refugió durante todo el año.
Se hizo una casa en la tierra y allí vivió muchos años.
María G., 2º de Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 17
Yo vivía en un castillo, era un príncipe, hasta que sufrí un hechizo, fue un verdadero fracaso. Ahora nadie quiere acercarse a mí y a mi castillo. La gente me decía que me lo merecía, porque era muy creído, sin embargo yo pienso que todos querían ser como yo y lo único que tenían era envidia.
Yo conocí a una chica hermosa gracias a un hombre que llegó cogiendo una flor y le perdoné la vida si dejaba a su hija conmigo unos días.
La chica al principio se asustó y me dijo que se llamaba Bella. Yo la invité a cenar, pero ella no quiso, se encerró en su cuarto y no quiso salir.
Bella, al siguiente día, no se por qué no se asustó tanto de mí y salimos a jugar fuera, en la nieve. Fue el mejor día de toda mi vida. Intenté invitarla también esta noche y me dijo que sí. Cuando terminamos de cenar salimos al jardín, empezamos a bailar y Bella me dijo que me mirara en un espejo. Yo estaba un poco asustado porque no sabía lo que había pasado. Por fin me decidí a mirar y vi un príncipe, ya no era una bestia.
A partir de ahí Bella y yo nos enamoramos y nos acabamos casando.
Fue el día donde volví a ser yo. No me arrepiento de haber conocido a Bella.
Pero, ¿quién fue el que me hechizó?
Andrea L. y Jackie J., 2º de ESO
Noviembre 2008
CUENTO Nº 18
EL LOBO Y LOS CUATRO COCHINITOS
Había una vez unos cochinitos que vivían en el bosque y un lobo que vivía allí siempre tenía hambre.
Los cochinitos no sabían que vivía un lobo en el bosque y ellos paseaban tranquilos cantando, bailando muy contentos hasta que un día llegó el lobo. Ellos ya se dieron cuenta de que un lobo vivía allí. Entonces decidieron hacerse una casa cada uno.
Una era de tierra, otra de ladrillos, otra de paja y otra de madera.
Un día iban por el bosque y el lobo iba a por ellos. Entonces se metieron cada uno en su casa. El lobo sopló fuerte en todas las casas y las derribó todas menos la de tierra. Eso era muy raro porque la de tierra es la más fácil de derribar, pero claro como ya no tenía fuerza de soplar por culpa de la de los ladrillos… entonces se metieron todos en la de tierra.
Al fin y al cabo, de soplar tanto, al lobo lo llevaron al veterinario pero al final se murió.
Los cerditos estaban por un lado tristes y por otro alegres porque ya los había dejado en paz.
Un día vino otro lobo al bosque pero ese lobo no comía nada de carne, sólo flores. Hasta los cerditos se hicieron amigos de él por lo bueno que era.
Y todos felices vivieron allí grandes emociones y felices momentos en el bosque.
Rosa A., 6º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 19
EL LOBITO Y LOS TRES CERDITOS.
Había una vez un lobo que llevaba una semana sin comer, vivía en un bosque, en un tronco hueco. Vestía pantalones verdes y chaqueta morada. Parecía muy feroz pero era todo lo contrario.
Un día se despertó al escuchar ruidos. ¡Parecían de construcción!. Se asomó fuera de su tronco y vio a un cerdito, era pequeño y gordito. Estaba haciendo una casita con paja. Los ruidos no venían de ahí, estaba claro. El cerdito ya había acabado para cuando el lobo se dio cuenta. El lobo estaba hambriento pero todavía tenía algunas fuerzas, así que llamó insistentemente a la puerta y le dijo al cerdito:
-¡Por favor, ábreme, necesito algo de comer!
El cerdito no abrió porque estaba muy asustado, ya que creía que el lobo se lo quería comer. El cerdito se puso a temblar de miedo, y tembló tanto que derribó su casa. Al derribarse la casa, el cerdito salió corriendo a la casa de su hermano mayor, que era alto y delgado. El lobo pensó que iba a buscarle comida, así que lo siguió y llegó a la casa del segundo cerdito que estaba hecha con ramitas.
Cuando los cerditos lo vieron se asustaron mucho y se pusieron a correr por toda la casa. El lobo llamó a la puerta y volvió a decir:
-¡Por favor, abridme, sólo quiero algo de comer!
Al decir esto, el cerdito mayor se despistó y se chocó contra la pared, eso fue suficiente para derribar la casa. Al derribarse la casa los cerditos salieron corriendo a la casa de su otro hermano, que era alto y gordinflón. El lobo no sabía por qué se derribaban las casas, no por qué corrían todo el rato los cerditos, y decidió seguirlos de nuevo para ver si esta vez tenía suerte y le daban algo de comer. Después de un largo rato caminando el lobo encontró una gran casa hecha con ladrillos y vio humo saliendo por la chimenea. El lobo se asomó por la ventana y vio que los cerditos estaban guisando algo. Al lobo le entró curiosidad y subió al tejado, se asomó por la chimenea para ver mejor el caldero, mientras pensaba:
-¿Serán garbanzos? ¿Serán lentejas? ¡No, es sopa!- y diciendo esto se escurrió con una teja y cayó de cabeza al caldero.
Los cerditos gritaron despavoridos cuando vieron al lobo dentro de la casa, pero lo que nunca imaginaron es que el pobre lobo iba a llorar y llorar y llorar sin parar.
-¡Qué desgraciado soy, llevo una semana sin probar bocado y nadie me ayuda! ¡Tengo tanta hambre!
Los cerditos se miraban asombrados y sintieron lástima del lobo. Ya no les parecía nada fiero y decidieron ayudarle.
-¡Pensábamos que nos querías comer! ¡Estábamos muy asustados!... Pero compartiremos la sopa contigo, ya sabemos que no eres malo.
-Muchas gracias, cerditos, siempre seréis mis amigos.
Recordad que, a veces, las apariencias engañan.
Marina C., 6º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 20
POLLITO Y EL NIÑO
Érase una vez un niño que tenía un canario que se llamaba Pollito.
Un día Pollito se puso enfermo y no cantaba y estaba triste. El niño quería que cantara.
Entonces lo metió en su jaula y lo llevó al veterinario.
El veterinario le dijo al niño que le diera unas gotitas.
El niño se llevó a Pollito a su casa y le dio las gotitas.
A la mañana siguiente Pollito empezó a cantar y se puso de color amarillo.
El niño se puso contento y lo sacó de la jaula para limpiarla. Mientras el niño limpiaba la jaula se lo dio a su madre y se escapó Pollito. Cuando el niño se dio cuenta que se le había escapado a su madre empezó a llorar y a buscar a Pollito.
Llegó la noche y empezó a hacer frío. El niño miraba por la ventana por si volvía Pollito, entonces vio llegar a su padre y llorando le contó lo que había ocurrido y su padre le dijo que no se preocupara por Pollito, que pronto volvería.
Cuando cenaron, el niño muy triste, que no quería cenar, se fue a su habitación, se puso el pijama y se durmió.
A la mañana siguiente al niño lo despertó el canto del Pollito, había vuelto y traía en su pico unas espigas de trigo para el niño, por haber cuidado de él.
Pollito se quedó con el niño y todos fueron felices.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 21
LAS HERMANASTRAS
Érase una vez un hombre que se casó y tuvo una hija, pero se separó y se volvió a casar con una mujer altiva y orgullosa. Al cabo de 30 años se murió y la madrastra se quedó con Cenicienta y con sus hijas que eran muy buenas, pero Cenicienta era como su madre.
Cuando pasaron unos días llegó un criado del príncipe Manuel, que traía unas tarjetas para un baile para encontrar su pareja adecuada. Las hermanastras seguían limpiando y Cenicienta no hacía nada más que chillarle. Cuando llegó el día del baile fueron la madrastra y Cenicienta, y las hermanastras se quedaron limpiando. La madrastra y Cenicienta se peleaban por el príncipe.
En la casa, las hermanastras de pronto vieron una luz y apareció una mujer. Les preguntaron que quién era y les dijo que era su hada madrina. Les preguntó si tenían algún deseo y les dijeron que querían ir al baile, pero no tenían vestidos. El hada madrina les dio uno y convirtió una calabaza en una carroza, y un ratón en un chófer, y les dijo que a las 12 en punto estuvieran allí.
Cuando entraron ellas eran las más bonitas. De Tariana, que era la más bonita, el príncipe se enamoró y bailaron. Sin embargo, la hora llegó y se fueron. A Tariana se le cayó el zapato.
Al día siguiente el príncipe fue de casa en casa para encontrarla. Cuando llegó a su casa, se lo probó a Tariana, le estaba bueno y se casaron.
Soledad O., 3º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 22
EL RATONCITO PRESUMIDO
Había una vez un ratoncito que estaba barriendo la entrada de la casa de su madre. Se encontró una moneda tirada en el suelo y se compró una corbata de colores. Después se la puso y siguió barriendo muy contento.
Llegó una patita y le dice:
-¿Te quieres casar conmigo?
-Primero me tienes que decir si roncas cuando duermes.
-¡Pues sí ronco!, le dice.
-Entonces no me casaré porque no podré dormir.
Al rato llegó una tortuga. Le preguntó:
-¿Te quieres casar conmigo?
Dijo el ratoncito:
-¿Tú comes mucho?
-Yo, muchísimo, aunque no lo parezca.
-¡No me casaré!, le contestó, porque me dejarás sin comida.
Al final llegó una gatita muy mala y le dice:
-¿Te quieres casar conmigo?
Y él le contesta:
-¿Tú te despiertas por las noches?
-No.
-Entonces contigo me casaré.
Celebraron la boda y la gata intentó comerse al ratoncito, pero una ratita lo salvó y se casó con él y fueron felices.
Alfonso C., 3º Prim.
Noviembre 2008
CUENTO Nº 23
Érase una vez un bosque oscuro y extraño. En una casita vivía una niña con su madre. Un día la niña se quedó sola en su casa y ya empezaba a oscurecer. Su madre que estaba en una fiesta no se percataba de que era tan tarde.
La niña tenía miedo de estar sola, así que cogió su pala, su cesta y por último la escopeta de su padre. La niña entró en el bosque, pero nunca se imaginó que iba a vivir tal aventura.
Ella iba muy tranquila, pero no sabía que, en el bosque, le estaba esperando una fiera, cuyo cuerpo era el más grande del bosque, cuya letalidad era inigualable, no tenía piedad de ningún animal. Él era el …¡¡¡conejo!!!
La niña al ver que estaba oscureciendo sacó su caravana portátil y se puso a dormir. A media noche la niña tenía un hambre feroz pues no había cenado. Se estaba preparando una lasaña en el microondas cuando de repente vio algo en el exterior. Unos grandes ojos rojos se movían alrededor de la caravana.
La niña, sin aguantar más, sacó la escopeta de debajo de la almohada y la cargó con dos cartuchos. Salió de la caravana, pero rápidamente algo saltó sobre ella, sus dientes afiladísimos le tocaban la cara, su peludo cuerpo la asfixiaba.
En fin, que le pegó un tiro en todo el culo. Al llegar a casa de su abuela lo despellejaron, le sacaron las tripas y lo prepararon en la barbacoa. Llamaron a su madre, al busca, y todos cenaron conejo-lobo a la brasa.
Carlos A., 1º ESO
Noviembre 2008


No hay comentarios:
Publicar un comentario